
Cada vez he visto más noticias sobre la obesidad infantil y no deja de preocuparme. Quizá el hecho de no haber comido nosotros de pequeños tanto y tantos bollos, nos lleva a ser más permisivos con lo que comen nuestros pequeños.
Comer de vez en cuando un cruasán o un bollicao no importa, siempre y cuando no se convierta en una tradición diaria que crea un mal hábito.
He visto multitud de libros que te enseñan a dar de comer de todo a tus hijos, y la verdad es que están bastante bien. Además, muchos de los consejos que se dan valen perfectamente para los papás y mamás, así que no hay que pasarlo por alto.
Es igual que las campañas que promueven la lectura: si te ven a ti hacerlo, lo hacen ellos. Así que, a comer sano para que ellos también lo hagan.
Un método que le funciona muy bien a mi cuñada es enseñarles a cocinar, cosas fáciles, para que se diviertan y luego lo quieran comer. Los peques se lo pasan pipa y, como “lo han hecho ellos”, se lo comen y les acaba gustando.
Hay que innovar para hacerles ver las cosas desde puntos de vista distintos.