
¡Qué susto me llevé hace un par de días con mi niña pequeña! Estaba jugando la pobre feliz, haciendo castillos de arena a la orilla del mar cuando llegó una ola muy fuerte y la empujó. Se cayó y se raspó toda la rodilla derecha. ¡¡¡Pobrecita mía, cómo lloraba!!!
La verdad es que es muy frecuente que los peques se hagan heridas en la playa, a lo mejor
están nadando tranquilos y viene una ola que los revuelca y se rozan en la arena de debajo del agua.
Es normal, pero no deja de provocar sustos y disgustos viendo cómo se le llenan los ojitos de lágrimas. Es una pena, aunque no deja de asombrarme lo rápido que olvidan el dolor cuando les das una piruleta o algo dulce para que se calmen. Al menos no ha sido nada grave.
Estamos teniendo unas vacaciones en familia muy divertidas, las tres juntas. Quizá vengan a vernos unos primos la semana que viene. Estar en la playa con tus hijas es una experiencia única.